Evidencia sobre Impuestos y políticas públicas sobre Alcohol en México

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El consumo de alcohol está relacionado con más de 200 enfermedades, así como con distintos tipos de cáncer, enfermedades del corazón, cirrosis, lesiones por accidentes de tránsito, diabetes, epilepsia, enfermedades cardiovasculares, trastornos digestivos; lesiones no intencionales, intoxicaciones, caídas, incendios, ahogamiento (WHO, 2018), afectaciones en el feto; así como con otras consecuencias sociales como violencia, vandalismo, criminalidad y pérdida de productividad, los cuales ocasionan pérdidas anuales por, al menos, 2.6% del PIB en países tanto de ingresos medios como altos, este porcentaje incluye los costos por gasto en salud, justicia y pérdidas en productividad (Manthey et al, 2021, citado en Solovei, et al. 2022). [1]

Asimismo, a nivel mundial el consumo de alcohol ocasionó 2.44 millones de muertes en 2019. De estas muertes, 2.07 millones ocurrieron en hombres y 0.37 millones en mujeres (GBD, 2019).

Adicionalmente, el consumo excesivo[2] representa, principalmente para los jóvenes, consecuencias como pérdida de memoria, riesgo de ser víctima de agresión física o sexual, caídas, involucrarse en peleas, ausentismo laboral y escolar, problemas legales, prácticas sexuales de riesgo, consumo de otras drogas, dependencia al alcohol y tristeza o depresión (Villatoro, et al. 2023).

De la población mundial, 39.5% de los mayores de 15 años ha bebido en exceso; el 45.7% de ellos tiene entre 15 y 19 años y 48.5% entre 20 y 24 años; además, las personas que más beben en exceso son las de bajos ingresos económicos (45.4% versus 38.7% del nivel socioeconómico alto).

En América Latina, el consumo de alcohol en la población entre 12 y 65 años es mayor en Argentina y Uruguay, con porcentajes cercanos al 52%, mientras que en El Salvador y Ecuador dicho porcentaje fue de 9.5% y 13% respectivamente (Villatoro, et al. 2023).

Reséndiz (et al., 2018), encuentra que, en México, entre la población de 12 a 17 años, la prevalencia de consumo de alcohol en la vida fue de 39.8% en 2016, el consumo del último año fue de 28.0% y el consumo del último mes fue de 16.1%. De 2011 a 2016, el consumo excesivo de alcohol en el último mes aumentó del 4.3% al 8.3% y el consumo diario aumentó del 0.2% al 2.6%.[3]

Entre la población adulta (de 18 a 65 años), el consumo de alcohol durante la vida fue del 77.3 % en 2016, el consumo en el año pasado fue del 53.3 % y en el último mes fue del 39.9 %. El consumo excesivo de alcohol creció significativamente entre 2011 y 2016, pasando del 13.9% al 22.1 para el consumo en el último mes; del 0.9% al 3.0% en el consumo diario y del 6.3% al 9.3% en el consumo excesivo semanal (Reséndiz et al., 2018).

Para México, de acuerdo con datos de Ramírez (et al., 2023), la prevalencia de consumo  de  alcohol  en  la población adolescente en México fue de 20.6%, siendo para hombres de 22.0% y en mujeres 19.2%.[4] El consumo excesivo de alcohol en los últimos 12 meses en este segmento de la población fue de 13.9% (15.0% en hombres y 12.7% en mujeres) y el consumo excesivo en los últimos 30 días de 5.2% (6.1% en hombres y 4.2% en mujeres).

Asimismo, la prevalencia de consumo de alcohol en la población adulta del país fue de 55.5%, siendo igualmente mayor en hombres (67.3%) que en mujeres (44.6%). En este caso el consumo excesivo de alcohol en los últimos 12 meses fue de 40.4% (53.5% en hombres y 28.4% en mujeres) y en los últimos 30 días fue de 19.1% (28.8% en hombres y 10.1% en mujeres) (Ramírez et al., 2023).

De acuerdo con una simulación de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OECD) (2021), la esperanza de vida en México de los próximos 30 años se habrá reducido en un año en la población en su conjunto debido al efecto que el consumo de más de una bebida al día tiene en la esperanza de vida de las mujeres, y en los hombres que beben más de una bebida y media al día.

Este documento de Evidencia sobre Impuestos y políticas públicas sobre Alcohol en México muestra los resultados de investigaciones sobre el impacto de los impuestos a las bebidas alcohólicas en México, así como de otras medidas que pretenden reducir el consumo de bebidas alcohólicas.

Los estudios fueron tomados, en su mayoría, de la matriz elaborada por Tobacconomics[5] y se enfocan, principalmente, en analizar la forma en que los consumidores cambian su comportamiento ante incrementos en los impuestos y el impacto de estos en la recaudación, la salud, la incidencia fiscal, la evasión y elusión en el sector, el comercio ilícito y la disponibilidad de puntos de venta. Se incorpora también un cuadro resumen con las distintas elasticidades precio de la demanda de las bebidas alcohólicas con el objetivo de comparar los resultados de los diferentes estudios en el Anexo.

  1. Preguntas relevantes
    1. ¿Cómo cambian los consumidores su consumo de bebidas alcohólicas ante incrementos en los impuestos a estas y ante otras medidas?
Mensajes clave:

 

Los consumidores mexicanos reducen su consumo de bebidas alcohólicas ante aumentos en los precios.
Los impuestos pueden ser una herramienta útil para reducir el consumo de alcohol y sus consecuencias.

Ameida (1999), elaboró un estudio para conocer las elasticidades precio y elasticidades cruzadas de diferentes bebidas alcohólicas (cerveza, tequila y otros destilados). Encontró que, en general, las magnitudes de las elasticidades estimadas para cada uno de los productos son relativamente bajas y apoya la idea de que sería posible incrementar los precios de dichos productos mediante un impuesto como medida correctiva de los factores externos asociados a su consumo.

Un estudio realizado por Catalán y Moreno (2016), encuentra que en el corto plazo, un aumento marginal de 1% de los precios de la cerveza solo reduce el 0.25% su demanda; mientras que, en el caso de los vinos y licores, la reducción es de 0.58%. No obstante, en el largo plazo, el incremento marginal del precio reduce un 1.23% la demanda de cervezas y 1.48% los vinos y licores, esto es, en el largo plazo la demanda es elástica.[6]

En lo que se refiere a la elasticidad ingreso, Catalán y Moreno (2016) encuentran que un incremento marginal del 1% en ingresos genera un aumento de 0.61% en la demanda de cerveza, pero un 1.08% de vinos y licores a corto plazo. Mientras tanto, en el largo plazo, la demanda de cerveza aumentó un 3.04% y la de los vinos y licores un 2.75%, observando una alta elasticidad en ambos casos.

Por su parte, Guerrero-López, et al. (2013), en una comparación entre el precio de la cerveza y el consumo nacional aparente por persona, identifican que los aumentos en el consumo en la década pasada coincidieron con reducciones en los precios; y que las reducciones recientes en el consumo se relacionan con aumentos en los mismos precios. Por lo anterior, concluyen que los incrementos en los impuestos a las bebidas alcohólicas pueden ser una herramienta importante para reducir su consumo. Guerrero-López, et al. (2013) consideran que la política fiscal debe considerar ajustes inflacionarios en las cuotas cobradas, así como la prohibición de precios promocionales y medidas efectivas para evitar la evasión de impuestos y el comercio ilícito.

Por otro lado, utilizando datos de la ENIGH 2016, Huesca, et al. (2019) identifican distintas respuestas por parte de los hogares ante los distintos IEPS que se aplican a las bebidas alcohólicas en México. Lo anterior fue analizado por quintiles de ingreso y distinguiendo entre los Estados que colindan con la frontera norte y los que no. En general, el estudio destaca la relevancia de utilizar los impuestos espaciales para corregir externalidades negativas y la necesidad de que los ingresos generados por IEPS se orienten a atender dichas externalidades en hogares con menos recursos. Se identificó, además, que en la región fronteriza las familias destinan, en promedio, el 7% de su ingreso al consumo de alcohol, mientras que, en el resto del país, el 6%. También, que los hogares en situación de pobreza tienen una mayor respuesta a los gravámenes que los hogares más ricos. Para el primer quintil, se estimó que ante un incremento del 10% en el precio del alcohol el consumo disminuiría en 3.0% y 3.4% para la región fronteriza y el resto del país, respectivamente, mientras que para las familias de mayores ingresos la reducción sería de 1.8% y 1.2%, en cada caso. Así, estos gravámenes tienen mayor efecto correctivo dentro de los hogares con menos recursos.

En lo que se refiere al consumo de cerveza en México, un estudio realizado por Moreno- Aguilar, et al. (2021) encontró que existe una respuesta elástica frente a variaciones en el precio. Es decir que, ante incrementos en el precio de la cerveza, la disminución de la cantidad demandada es proporcionalmente mayor. En particular, un incremento del 1% en el precio de la cerveza llevó a una disminución en el consumo de -1.31% en el corto plazo y -1.40% en el largo plazo.[7]

También se han elaborado estudios que estiman la elasticidad cruzada, dado que el incremento en los precios de los cigarrillos y los refrescos inciden en la demanda del alcohol. Huesca, et al. (2021) encuentran que la elasticidad cruzada entre alcohol y cigarrillos es baja. Un cambio del 10% en el precio de los cigarrillos, reduce su consumo en 7.57% y el consumo del alcohol disminuye en 0.22%. Un aumento del 10% en el precio del alcohol, reduciría su consumo en 7.7%. Ante un incremento del 10% en el precio de los refrescos, la cantidad demandada de alcohol disminuye en 1.09%. Por ello, proponen que un eventual incremento en los impuestos a estos productos sea simultáneo, a fin de observar mayores decrementos en sus niveles de consumo.

Un estudio realizado por Martínez (et al., 2023) encontró una elasticidad precio de la demanda de cerveza de -2,36 y una elasticidad ingreso de la demanda del mismo producto de 5,04. El estudio concluye que se debe implementar una política fiscal con el propósito de reducir el consumo de cerveza en el país.

Para autores como Solovei, et al. (2022), los impuestos a las bebidas alcohólicas no son las únicas medidas eficaces, sino que la detección, intervención breve y derivación a tratamiento (SBIRT por sus siglas en inglés), son estrategias efectivas para reducir el consumo de alcohol en la población. Para el caso de México, se encontró que la aplicación de este programa en un período de 10 años produciría rendimientos positivos de la inversión de entre 21% y 110% por menores gastos en servicios de salud y que evitarían más de 16 mil muertes asociadas con el consumo de bebidas alcohólicas.

Una medida adicional es la propuesta por López Olmedo (et al., 2023), quienes hicieron un experimento en 11 estados del país para probar el potencial de incluir etiquetas en las latas de las bebidas alcohólicas advirtiendo el daño a la salud que provoca el consumo de estas bebidas. El estudio concluye que el uso de este tipo de advertencias puede hacer que los individuos piensen en los daños que puede causarles el alcohol, reducir el atractivo de los productos, así como la intención de comprar y consumir alcohol.

  1. ¿Cuál es el impacto de un incremento en los impuestos a bebidas alcohólicas sobre la recaudación, el consumo y la salud?

 

Mensajes clave:

 

Incrementos en los impuestos se asocian con una mayor recaudación.

Los mayores impuestos se asocian con mayores precios, lo que a su vez reduce el consumo de bebidas alcohólicas, que se asociaría con un menor daño a la salud de la población.

Las intervenciones mejor catalogadas incluyen una combinación de impuestos, intervenciones breves, control de publicidad y reducción de disponibilidad, horario de venta, densidad de puntos de venta y corresponsabilidad del expendedor.

En un estudio elaborado por Medina-Mora, et al. (2010), se evaluaron siete escenarios para el control del abuso de alcohol. 1) Mantener el escenario actual, 2) Incremento de 25% en los impuestos al consumo, 3) Incremento de 50% en los impuestos al consumo de productos con grados nocivos de alcohol, 4) Reducción de la disponibilidad de productos con grado nocivo de alcohol; 5) Regulación de la publicidad asociada; 6) Intervención preventiva-persuasiva breve en el primer nivel de atención y 7) Pruebas aleatorias a automovilistas (alcoholímetro). Los resultados fueron que todas las intervenciones basadas en impuestos reditúan en más de 150,000 años de vida ajustados con discapacidad (DALYs) evitados por año. El aumento de impuestos fue la medida con mayor costo-efectividad; sin embargo, la intervención mejor catalogada fue la combinación de incremento de impuestos, mayor proporción de personas atendidas con intervenciones breves, control de publicidad y reducción de disponibilidad con medidas como incrementar la edad permitida del cliente, horario de venta, densidad de puntos de venta y corresponsabilidad del expendedor.

Para Rodríguez y Foncerrada (2022), en un estudio hecho para 2019 en México, pasar de un esquema ad-valorem a uno ad-quantum[8] permitiría elevar la recaudación en 10 mil millones de pesos (de 15 a 20 mil mdp), se reduciría la evasión e ilegalidad en 8.5 mil mdp, se simplificaría la recaudación de impuestos y se reduciría la evasión.[9]

Por su parte, Rendón, et al. (2022), señalan que los impuestos ad-valorem impulsan la producción y el consumo de bebidas con alto contenido de alcohol y baja calidad, de forma que los bajos precios estimulan el consumo. Por su parte, los impuestos ad- quantum mejoran la recaudación e impulsan la fabricación de bebidas con menor contenido de alcohol y mayor calidad, por lo que los mayores precios reducen el consumo de dichas bebidas. De acuerdo con estos autores los impuestos establecidos a la cerveza en México no han logrado que su precio sea menos accesible a los consumidores y el esquema de IEPS aplicado no limita la adquisición de bebidas alcohólicas de la población más vulnerable (niños, adolescentes y adultos jóvenes), sino que, por el contrario, se ha incentivado el contrabando, la producción de bebidas falsas y adulteradas.

Para ver las respuestas a otras preguntas relevantes y mayor información descarga el documento

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También contamos con un simulador de impuestos al alcohol que puedes descargar aquí.

Esta herramienta permite realizar estimaciones sobre el impacto fiscal y económico sobre distintos escenarios tributarios. Para utilizar el simulador te recomendamos desbloquear el archivo para permitir la ejecución de las macros encargadas de restablecer los parámetros. Para ello, dirígete al buscador de archivos, abre la opción de formato y, en la pestaña general, asegúrate de habilitar la opción ‘Desbloquear’. Con este ajuste, el simulador debería operar sin inconvenientes.

Referencias:

[1] A nivel mundial, 43% de la población (poco más de 2 mil millones de personas) mayores de 15 años ha consumido alcohol al menos una vez en el último año. Asimismo, el consumo anual per cápita de alcohol puro es de 15.1 litros, inicia antes de los 15 años de edad y es una de las sustancias de entrada para el consumo de otras sustancias ilegales (Villatoro, et al. 2023).

[2] El consumo excesivo se define como beber en una sola ocasión 4 copas o más en mujeres y 5 copas o más en hombres en los últimos 30 días (o bien, beber 60 o más gramos de alcohol puro en una sola ocasión en el último mes) (Villatoro, et al. 2023).

[3] El consumo excesivo de alcohol en el último mes se refiere a personas que han consumido, en este período, cinco o más tragos en una sola ocasión en el caso de los hombres (cuatro o más tragos en una sola ocasión en el caso de las mujeres). En el caso del consumo excesivo de alcohol semanal, se refiere a personas que han consumido, una vez a la semana, cinco o más tragos en una sola ocasión en el caso de los hombres o cuatro o más tragos en el caso de las mujeres (Reséndiz et al., 2018).

[4] Se refiere a la población de 10 a 19 años (Ramírez et al., 2023).

[5]  Ver https://tobacconomics.org/research/alcohol-evidence-matrix-mexico/

[6] Para el caso del consumo de cerveza, estos autores encontraron que los consumidores prefieren consumir en el presente y obtuvieron una tasa de preferencia intertemporal del 1.64, lo que indica que los consumidores son más proclives a sacrificar unidades de consumo de cerveza futura hacia el presente. Los autores mencionan que esto es peligroso pues existe prioridad del consumo de las cervezas sobre otros bienes y su consumo no es tan elástico ante el cambio de precios. En lo que se refiere a los vinos y licores, estas bebidas tuvieron una tasa de preferencia temporal de 0.42, lo que indica que los consumidores valoran más el consumo del futuro que el actual. Este comportamiento hace que sean más sensibles a los cambios de precios y son más susceptibles a reducir su consumo presente para mantener su consumo futuro. Los cambios de precios tuvieron un bajo impacto en la reducción de la demanda de corto plazo, pero uno mayor a la larga. Catalán y Moreno (2016) enfatizan que las políticas de precios de bebidas alcohólicas no son tan efectivas y que se deben de encontrar alternativas para reducir el consumo de alcohol.

[7] En un sentido similar, Urzúa (2013), encuentra que ante el aumento de 1.0% en el precio de la cerveza, el consumo de los hogares de áreas urbanas disminuiría 1.082%, mientras que en los hogares de áreas rurales sería 1.462%.

[8] En general los impuestos a las bebidas alcohólicas se aplican en dos formas. Los impuestos Ad-Valorem, se cargan sobre el valor del producto; es decir, se aplica una tasa al precio. Mientras que los impuestos Ad-Quantum, consideran la cantidad de alcohol contenida en el producto, por la que se cobra una cuota.

[9] Para Anderson (2020) los impuestos ad valorem, diferenciados por tipo de alcohol, tienden a ser progresivos debido a que las bebidas “premium” son mayormente consumidas por las personas con mayores recursos. Al mismo tiempo, si el país es productor de vino, estos gravámenes pueden incentivar su exportación.

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