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A lo largo de los 11,500 kilómetros de litorales con los que cuenta el territorio mexicano, existe una gran diversidad, no sólo de ecosistemas marinos, sino también de las condiciones sociodemográficas y económicas en las que viven y se desarrollan los pescadores del país. Aunque éstos son generalmente caracterizados por presentar rezagos y carencias, existe una importante heterogeneidad, con muy poca información que vincule la pesca con el desarrollo de las mismas comunidades o municipios.

 

Este proyecto se desarrolló en conjunto con la organización dataMares.

 

Una falta de auto correlación espacial de la producción pesquera nacional significa una insuficiencia de conexiones económicas, sociales y productivas en el sector, donde no hay evidencia estadística de cooperación ni competencia. Únicamente los estados que rodean el Golfo de California presentan algunos vínculos espaciales y son quienes también muestran condiciones ligeramente superiores a aquellos que están más al sur sobre el Pacífico, así como a los colindantes al Golfo de México y el Caribe. Por lo tanto, más investigaciones referentes pueden arrojar lecciones que pudieran adaptarse a las condiciones de las comunidades de mayor rezago e implementarlas.

Los mares que rodean a México albergan una alta biodiversidad que los convierten en un lugar valioso para el sector pesquero y el sector de conservación. Con las necesidades alimentarias de una población creciente y con pesquerías en su máximo nivel de aprovechamiento (Arreguín-Sánchez y Arcos-Huitrón, 2011), es necesario invertir en estudios enfocados en medir el impacto que la pesca tiene sobre los ecosistemas marinos (Lluch-Cota et. al, 2017). Particularmente, establecer el vínculo, basado en evidencia cuantitativa, entre el beneficio social generado por la pesca y las necesidades del sector, es aún un desafío. El sector pesquero forma parte importante de la economía de algunas micro regiones en los litorales del país. Sin embargo, la caracterización del vínculo entre la explotación de los recursos naturales, especialmente los derivados de la pesca, con los niveles de desarrollo personal y de los municipios, es aún un tema pendiente.

El reto del balance entre conservación y la pesca se ha abordado, históricamente, con una perspectiva de esfuerzos aislados, como si ambas fueran excluyentes. Los sectores buscan soluciones en sus propios baúles de herramientas, sin comunicarse o reconocer sus limitaciones. Este tipo de estrategia ha resultado en catástrofes ambientales como la que se vive en el Alto Golfo de California (Aburto-Oropeza et. al., 2017). En esta región, la presión por proteger a la vaquita marina no ha beneficiado a la especie y ha incentivado la pesca ilegal, afectando a otra especie protegida: la totoaba. Las comunidades comúnmente dependen de subsidios y batallan para adaptarse a un contexto social y político que no ve a la pesca como tema prioritario.

La pesca constituye una fuente de ingresos relevante para las comunidades pesqueras del país. Tan solo en los cuatro estados que rodean el Golfo de California (Baja California, Baja California Sur, Sonora y Sinaloa), se produce, en promedio, un millón de toneladas de producto marino al año (el 78% del volumen de captura y el 54.5% del valor de la producción a nivel nacional), equivalente a 5,500 millones de pesos (conapesca, 2014; Melgoza-Rocha, et. al.,2017). Tomando en cuenta el resto de los estados costeros, la cifra asciende a 1.2 millones de toneladas anuales y un valor económico de 11 mil millones de pesos (Melgoza-Rocha, et. al., 2017). Al mismo tiempo, el consumo de pescados y mariscos forma parte de una estrategia de nutrición y seguridad alimentaria a nivel nacional que ha resultado en un aumento de 3.1 kilogramos de consumo per cápita en 2012, a los 12.0 kilogramos en 2016, mismo que ha sido sustentado en su mayor parte por las capturas pesqueras (conapesca, 2016).

Sin embargo, la abundancia del capital natural en los mares de México no es infinita y las pesquerías han alcanzado serios niveles de sobreexplotación (Arreguín-Sánchez et al., 2017). La solución no es pasar más tiempo en el mar o aprovechar nuevas especies para solventar las pérdidas económicas generadas por pesquerías colapsadas o en deterioro. El sector debe disminuir su dependencia de fondos públicos que aumentan el esfuerzo pesquero, distorsionan el comportamiento de los mercados e impiden a México alcanzar sus metas de sustentabilidad. Además, las ganancias por la explotación pesquera habrán de capitalizarse para mejorar las condiciones de vida de los individuos y, en suma, las condiciones de los municipios.

El desarrollo del sector pesquero y de medidas de conservación, como las áreas naturales protegidas, son temas polémicos por las concesiones e intercambios entre (1) emprender el crecimiento económico con un enfoque inmediato de maximización de ganancias y (2) preservar el medio ambiente con una visión hacia el futuro. Por un lado, no se quiere olvidar a la gente que depende de la actividad pesquera y, por el otro, tampoco se quiere delegar ni ignorar el equilibrio necesario para el legado a las futuras generaciones. En este sentido, existe un bienestar social a maximizar entre los valores y rendimientos presentes y futuros de los recursos económicos y naturales.

Por lo tanto, hay que entender que la economía empieza y termina en los individuos. Ellos son quienes primero fomentan las interacciones de producción, el intercambio de ingresos y la creación del valor agregado, y ellos mismos son los beneficiados del intercambio y de poner en el mercado sus esfuerzos productivos. Sin embargo, existen diferencias internas en el sector mismo y, aunque el perfil de la pesca como actividad parezca como uno solo, el perfil de los pescadores tiene su propia historia que involucra una diversidad de actores, contextos socio-políticos y económicos. La composición y concentración de mercado de ciertos productores industriales altera la interacción económica y el intercambio de ingresos entre los agentes participantes; ej. tipo de pesca (artesanal o industrial), acceso a consumidores y mercados, infraestructura disponible.

El presente trabajo es un primer acercamiento socioeconómico a las fuentes de información disponibles que refieren a la pesca y a los pescadores. El objetivo es empezar a hacer los cruces necesarios entre variables y fuentes de información existentes para conocer la relación entre las localidades pesqueras con las condiciones de desarrollo de los pescadores y de sus hogares. Este reporte no hará un esfuerzo por determinar causalidades, sino únicamente correlaciones.

Sin embargo, sí tendrá un fuerte enfoque socioeconómico que sirva a orientar los esfuerzos políticos y fiscales hacia el bienestar social con un enfoque de individuos y hogares.