Presiones sobre las finanzas públicas
La deuda crece y los ingresos no: en 2027, el costo de financiarla sería mayor que el endeudamiento que se solicita para ese año.
La Secretaría de Hacienda y Crédito Público (SHCP) prevé que la deuda pública, medida a través del Saldo Histórico de los Requerimientos Financieros del Sector Público (SHRFSP), siga una trayectoria creciente en los próximos años. Para 2027, se estima en 55.0 % del Producto Interno Bruto (PIB) y, para 2032, alcanzaría 56.5 % del PIB, en un contexto en el que los ingresos permanecen estancados en 22.8 % del PIB.
La composición de los ingresos también incide en la trayectoria de la deuda. Los ingresos petroleros continuarían disminuyendo y esa caída sería compensada por un aumento de los ingresos tributarios, lo que mantendría el total estable. Así, las finanzas públicas dependerían cada vez más de la recaudación tributaria.
Una presión adicional proviene del costo financiero, que en 2027 se prevé en 4.0 % del PIB, por encima de los Requerimientos Financieros del Sector Público (RFSP), estimados en 3.9 % del PIB (Figura 1). Esta diferencia implica que el financiamiento solicitado no alcanzaría a cubrir el costo de la deuda, por lo que tendrían que usarse recursos fiscales adicionales, lo que desplazaría otros rubros del gasto.
Objetivo
Este documento analiza la evolución y las implicaciones fiscales de la deuda pública en el contexto del Proyecto de Presupuesto de Egresos de la Federación (PPEF) 2027. Para ello, examina el costo financiero, los RFSP (endeudamiento) y el SHRFSP (deuda total), con el fin de identificar las presiones que estas variables generan sobre las finanzas públicas y el espacio fiscal disponible. Asimismo, incorpora la transición demográfica como un factor que modificaría las necesidades de gasto y la capacidad futura de generación de ingresos.
El documento se estructura en cuatro secciones. La primera presenta el contexto de la deuda pública para 2027. La segunda examina el costo financiero, los RFSP y el SHRFSP. La tercera relaciona la trayectoria de la deuda con la transición demográfica. Por último, se identifican los retos que plantean una consolidación fiscal más lenta, un costo financiero que supera el endeudamiento y una trayectoria creciente de la deuda.
Consolidación fiscal pendiente
El costo financiero ya es el principal rubro del gasto no programable y los RFSP no bajarían de 3.0 % del PIB antes de 2032.
Costo
El costo financiero de la deuda es el gasto destinado al pago de intereses, comisiones y gastos derivados del servicio de la deuda. Incluye la deuda del Gobierno Federal (Ramo General 24 Deuda Pública), los programas de apoyo a ahorradores y deudores de la banca (Ramo General 34 Apoyo a Ahorradores y Deudores) y el costo financiero de las Empresas Productivas del Estado (EPE), es decir, Petróleos Mexicanos (Pemex) y la Comisión Federal de Electricidad (CFE) (Cuadro 1). Su variación depende principalmente del balance presupuestario histórico, del nivel de las tasas de interés (nacionales e internacionales), del tipo de cambio y del crecimiento del PIB.
De 2020 a 2026, el costo financiero de la deuda promedió 3.3 % del PIB anual. De manera desagregada, el del Gobierno Federal promedió 2.7 % del PIB, el de los programas de Apoyo a Ahorradores y Deudores de la Banca, 0.1 % del PIB, y el de las EPE, 0.5 % del PIB.
Entre 2022 y 2026, el costo financiero absorbió en promedio 47.4 % del gasto no programable del sector público y se ubicó como el segundo rubro de mayor peso, después de las participaciones a entidades federativas (SHCP, 2026d). En el PPEF 2027 sería el principal rubro, con 49.2 % del total: 1.6 billones de pesos (bdp), equivalentes a 4.0 % del PIB, y una disminución real de 2.9 % frente a lo aprobado para 2026 (Cuadro 1). Su distribución sería la siguiente:
- 82.9 % a la deuda del Gobierno Federal (Ramo 24), con 1.3 bdp (3.3 % del PIB: 2.8 % por deuda interna y 0.5 % por deuda externa).
- 12.9 % al costo financiero de las EPE (203,008.5 mdp o 0.5 % del PIB), con una disminución real de 17.7 % frente a 2026.
- 4.2 % al Ramo 34 (65,906.1 mdp o 0.17 % del PIB) (SHCP, 2026c).
La reducción del costo financiero para 2027 se explica por un entorno de menores tasas de interés: la tasa de Cetes a 28 días se proyecta en 6.0 % al cierre de 2027, frente a 6.5 % en 2026. Entre 2028 y 2032, los Criterios Generales de Política Económica (CGPE) proyectan que el costo financiero se estabilice en un promedio anual de 3.7 % del PIB (SHCP, 2026a).
Endeudamiento
Los RFSP permiten dimensionar las necesidades de financiamiento de un ejercicio fiscal y son la medida más amplia del déficit público, ya que incorporan el balance presupuestario, las necesidades de financiamiento de otras entidades y operaciones que no se reflejan en el presupuesto. Para 2027, se proyecta que los RFSP se ubiquen en 3.9 % del PIB: un déficit presupuestario de 3.4 % del PIB y requerimientos extrapresupuestarios de 0.5 % del PIB.
Si bien los RFSP descienden respecto a 2024, cuando alcanzaron 5.8 % del PIB, las proyecciones actuales indican que no llegarían a la meta de 3.0 % del PIB dentro del horizonte de proyección. La meta se ha pospuesto: hace un año se proyectaba alcanzarla en 2028 y, hace dos, en 2027. Para 2032, se estima que los RFSP se ubiquen en 3.1 % del PIB, equivalentes a 1.3 bdp de 2027 (Figuras 1 y 2). Así, la consolidación fiscal, medida como la reducción de los RFSP, sería aún más lenta de lo previsto.
Deuda pública
El SHRFSP es la medida más amplia de la deuda en México: representa el acervo neto de las obligaciones financieras del Sector Público Federal, refleja el efecto acumulado de los RFSP y condiciona el espacio fiscal de los siguientes ejercicios. Incluye los pasivos del Gobierno Federal, las Empresas Productivas del Estado (EPE), los organismos de control presupuestario directo (Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) e Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE)) y la banca de desarrollo, así como obligaciones extrapresupuestarias: programas de apoyo a ahorradores y deudores, Pidiregas, Fonadin y adecuaciones a los registros presupuestarios.
Los CGPE 2027 proyectan una trayectoria creciente: el SHRFSP pasaría de 52.3 % del PIB, aprobado para 2026, a 55.0 % en 2027 y a 56.5 % en 2032. El endeudamiento explica parte de este deterioro: los Pre-Criterios preveían reducirlo de 4.1 % a 3.5 % del PIB, pero solo bajaría a 3.9 % en 2027 (Figura 2).
En 2020, el saldo alcanzó 50.2 % del PIB, entre otros factores, por la contracción económica ocasionada por la pandemia de COVID-19. Entre 2021 y 2023 bajó de 49.1 % a 46.6 %, su nivel más bajo después de la pandemia, principalmente por el crecimiento del PIB y la apreciación del tipo de cambio. A partir de 2024 la trayectoria se revirtió: con RFSP de 5.8 % del PIB, el saldo subió a 51.9 %, a 52.6 % en 2025 y a 54.5 % en 2026. La estimación revisada de cierre para 2026 lo sitúa en 54.0 %: 42.5 % de deuda interna y 11.4 % de externa.
En 2027, 79.3 % de la deuda sería interna, lo que reduciría la exposición a movimientos en las tasas de interés internacionales, variaciones cambiarias y volatilidad de los mercados; la externa representaría el 20.7 % restante. Además, el predominio de instrumentos a tasa fija y de largo plazo daría mayor certidumbre al costo y al perfil de vencimientos (Cuadro 1).
De 2018 a 2027, el SHRFSP habría crecido 11.4 puntos porcentuales (pp) del PIB, de 43.6 % a 55.0 %, un aumento real de 37.3 % (Figura 3). Por persona, la deuda pasaría de 129 mil a 160 mil pesos de 2027, 24.0 % más en términos reales. El monto total ascendería a 21.7 bdp en 2027 y crecería 13.4 % hasta alcanzar 24.6 bdp de 2027 en 2032 (Figura 2).
El reto fiscal de una población que envejece
El pago de la deuda descansaría sobre una base menor de población en edades productivas, justo cuando crecen las presiones del gasto social.
Este incremento de la deuda ocurre en un contexto de transición demográfica. De acuerdo con la Encuesta Intercensal 2025, la edad mediana de la población pasó de 29 a 32 años entre 2020 y 2025, mientras que el promedio de hijas e hijos por mujer de 12 años y más bajó de 2.1 a 1.9 (INEGI, 2026). Para las nuevas generaciones, esto implica que el pago de la deuda podría descansar sobre una base menor de población en edades productivas, al tiempo que aumentan las presiones del gasto social. Esto limitaría el margen fiscal para atender nuevas necesidades, ya que una mayor parte de los recursos públicos tendría que destinarse al cumplimiento de obligaciones financieras.
Así, el crecimiento del SHRFSP implica que las próximas generaciones tendrán que cubrir obligaciones heredadas además de financiar sus propias necesidades. Su trayectoria adquiere una dimensión intergeneracional: mantener un endeudamiento elevado reduce el margen de maniobra futuro justo cuando la demografía podría dificultar la generación de ingresos y la atención de nuevas demandas de gasto.
Implicaciones de política pública
Estabilizar el endeudamiento no basta para revertir el saldo acumulado: la sostenibilidad fiscal exige fortalecer los ingresos públicos.
Entre 2020 y 2026, el costo financiero de la deuda no superó el endeudamiento (RFSP): el financiamiento alcanzaba para pagar intereses y aún dejaba recursos para otros proyectos y programas presupuestarios. En 2026, prácticamente la totalidad de los requerimientos financieros se destinaría al pago de intereses, con márgenes muy reducidos para otras inversiones. En 2027 la situación se agudizaría: el costo financiero alcanzaría 4.0 % del PIB, por encima de los RFSP de 3.9 %, por lo que se requerirían recursos fiscales adicionales para cumplir con obligaciones previamente contraídas, lo que desplazaría otras prioridades presupuestarias (Figura 1).
El reto va más allá de reducir el déficit fiscal. Si bien los RFSP disminuyen respecto a los niveles recientes, la consolidación fiscal sería más lenta de lo previsto y no llegaría a 3.0 % del PIB dentro del horizonte de proyección. Mientras los requerimientos financieros permanezcan elevados, seguirán acumulándose obligaciones para el futuro. Y cuando el costo financiero absorbe una proporción creciente de los recursos, la política fiscal pierde capacidad para usar el gasto en impulsar el crecimiento y atender las demandas de la población.
Por ello, estabilizar el endeudamiento no bastaría para revertir la trayectoria del saldo acumulado: además de reducir el déficit anual, es necesario asegurar la sostenibilidad de la deuda en el mediano y largo plazo. Fortalecer los ingresos públicos es central para lograrlo, porque permitiría reducir gradualmente el endeudamiento y el costo financiero, y contener la acumulación de deuda. La sostenibilidad fiscal requiere una estrategia que combine mayores ingresos, una trayectoria descendente de los RFSP y un manejo prudente de la deuda. Las decisiones fiscales actuales condicionan el espacio presupuestario con el que contarán las próximas generaciones para financiar sus propias necesidades.







